Orgullo y prejuicio

Una de las clásicas conversaciones que se pueden escuchar al comienzo de los torneos durante los primeros niveles, en los que los jugadores habituales de los circuitos se reencuentran, es la siguiente:
-“¿Y que tal te va? No sé nada de ti hace tiempo, no te veo en ningún sitio, ¿No ganas nada últimamente o qué?”
-“Si… Ya sabes, soy un pescao…”
Jiji, jaja… Risas y peloteo varios, cuando en realidad lo que piensa el preguntado, es en ganar ese torneo para poder restregárselo a la cara y hacerle tragar sus palabras.

Uno de los muchos enemigos contra los que tenemos que luchar a la hora de sentarnos a jugar un campeonato de poker es el orgullo. Debemos ser fuertes e ir bien equipados para vencer las embestidas de la arrogancia y la vanidad que sólo harán que tomemos decisiones incorrectas en los momentos clave.
Se dice que en el poker, cada jugador juega como en realidad es en el día a día. Me viene a la cabeza el comienzo de la preciosa “101 dálmatas” de Disney, donde cada perro era igual a su dueño. No voy a poner ejemplos, pero quienes conozcáis a los buenos jugadores de este país, podréis ver claramente que su juego es muy similar a su personalidad.
Ahora extrapolémonos a nivel nacional. España es un país de cojones. Somo un país que no se echa atrás ante el reto de “¿A que no tienes huevos de…?”. Somos los Marty MacFly europeos, que no podemos estarnos quietos si nos llaman gallinas. Y debemos saber, que tenemos que aprender a parar, respirar y jugar a las cartas. Esto no es una competición de “a ver quien la tiene más larga” (que me perdonen las señoritas y señoras lectoras). No voy a ganarle a un Sueco siendo más agresivo que él. Le ganaré, siempre con el permiso de la diosa fortuna, si analizo su juego y encuentro su punto débil y sé cuando atacarle.
Otro error que cometemos, es que somos un país de envidiosos en el que sólo vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, nos dedicamos a poner a parir al jugador que le va bien y menospreciamos al novato que empieza. La clásica “envidia cochina” de toda la vida.
No he escuchado durante estos últimos meses ningún tipo de alabanza ni hacia Roberto Santiago, ni hacia Jesus Cortes, que son los dos jugadores que mejores resultados han conseguido portando la bandera rojigualda. Solamente he escuchado comentarios del tipo, “¡Menuda suerte! Con esas cartas yo también llego a la mesa final…” o “¡Si no tiene ni puta idea de jugar! ¿¡Como ha llegado ese tío hasta ahí!?” ¿Que existen mejores jugadores que Roberto y Jesús en este país? Probablemente. Pero no por eso ellos son malos jugadores. En vez de criticarlos, alegrémonos por sus éxitos porque son éxitos de todos, y cuando nos encontremos en las mesas con Finlandeses o Suecos o Americanos, nos verán menos paquetes gracias a buenos resultados como los suyos.
Volviendo al tema del orgullo.
“Orgullo y prejuicio” es el título de la novela más conocida de la escritora británica Jane Austin, en la que las dos figuras principales, Darcy y Elisabeth, deben aprender de sus errores para poder encarar el futuro en común, superando el orgullo de clase de Darcy y los prejuicios de Elizabeth hacia él.
Pongamos como ejemplo, y sin que nadie se ofenda, que los “Darcy” de los torneos, son grupos de amigos del poker como FFTTR o PokerSP , y que los “Elisabeth” son el resto que revolotean por los casinos, haciendo lo que buenamente pueden en las mesas.
¿Que error cometen los “Elisabeth”?
El ansiar en lo más profundo entrar en el grupo de los “Darcy”, e intentar impresionarlos con su juego, a la vez que, como hacen los niños quinceañeros que se gustan, critican al otro, cuando lo que en realidad pasa, es que están enamorados hasta las cejas, llegando incluso en su critica, al insulto y al menosprecio, sin ni siquiera conocer a la otra persona. O lo que es lo mismo, prejuzgar.
El consejo que doy es el mismo que le daría a una niña de quince años a la que no le hace caso su amado: Olvídate de lo que piensen los demás. Sé tu misma y sé feliz. Siendo feliz, la gente querrá estar contigo, si eres una amargada, te quedarás más sola que la una.
Aplicado a nuestro juego sería algo así como: Lo importante no es querer llegar a ser como tal o cual jugador. Lo importante es encontrar tu propio estilo. Estudiando y cuidando tu juego, y teniendo la suficiente humildad para aprender de quién tenemos delante, sea principiante o sea pro, y saber, que si tenemos en frente a uno de los grandes, o a alguien que ha ganado algún gran torneo, ese alguien, se ha ganado el honor de estar en esa posición a pulso, y debemos, cuando menos, respetarlo.
Y, ¿Que pasa con los “Darcy”?
El orgullo de la clase alta les lleva a no querer relacionarse con los “Elisabeth”. Están por encima. Y al creerse superiores, se les pasan pequeños detalles de los que fácilmente podrían aprender.
Os aseguro, que gente como Ivey, Negreanu, Brunson o Amatos (como va a disfrutar con esta comparación), se sientan en una mesa e intentan estar con los ojos abiertos, no sólo para saber quien es el más pescao de la mesa y a quién le pueden sacar más fichas, sino también para aprender; por si alguno de los desconocidos jugadores les sorprende con un movimiento extraño que no les cuadra en su rutina y les gusta y lo hacen suyo, o hablando con alguien que les explica como juega un determinado spot. Y esa es la principal arma para luchar contra el orgullo, contra la soberbia. La humildad.
Al final de “Orgullo y prejuicio”, Elisabeth es lo suficientemente sabia y madura, como para superar sus prejuicios y darse cuenta de que detrás del caparazón en el que se protege Darcy, hay una persona buena y honesta, y decide así aceptar su propuesta de matrimonio, mientras que Darcy, se traga su orgullo y deja de considerar a Elisabeth como alguien inferior a él y no merecedora de sus atenciones. Que bonito, que bonito.
Si fuésemos menos criticones y cambiásemos la inútil envidia por la enriquecedora escucha. Si nos tomásemos unas tacitas de humildad y nos tragásemos el orgullo, igual, la final del próximo EPT en Madrid podría ser nuestra. Y me alegraré igual si se la lleva Leo Margets que si se la lleva Pepe López. Lo importante, es que se habrá quedado en casa.

(*Esta entrada se escribió hace casi dos meses para ser publicada en la revista GX. No hay noticias de GX, así que aquí la dejo)

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3 comentarios en “Orgullo y prejuicio

  1. Supongo que ésto se cura viajando.
    Esa maldita visión española, eso que bien llamas “envidia cochina de toda la vida” se da en casi todos (alguno habrá!) los deportes aquí. Y debéis ser vosotros, “Darcys”, los que tenéis la oportunidad de viajar y conocer el póker desde otros prismas alejados de este ibérico ajamonado, los que tenéis que brindarnos esas visiones en forma de textos y experiencias. Para así tratar de al menos acercarnos a lo que sería una sana competencia y puesta en común de conocimientos donde todos ganaríamos!!

    Un saludo, Pablo y enhorabuena por el buen artículo.

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