Se ha ido Enrique Morente. ¡Buen viaje maestro!

Fue en nuestra Granada la primera (y única vez) que estreché su mano. Estábamos de gira con la compañía Lope de Vega que dirigía el gran D. José Tamayo y por fin llegamos a Granada donde me comían los nervios. Todos mis amigos en el patio de butacas y yo, con mis sueños todavía vírgenes, impolutos y llenos de esperanza.
La función estuvo reguleras no más. Recuerdo que el escenario se nos quedaba chico, recuerdo los abrazos de mis amigos, recuerdo que cenamos algo en las Castañeda y recuerdo que me presentaron a D. Enrique Morente. No fue nada. Un hola, hola, encantado…
Eso fue en 1998. Desde entonces lo he visto pasear muchas veces por Granada. Será casualidad, o no, pero siempre me lo he encontré paseando solo, tranquilo y vestido de negro. Nunca le volví a saludar. Hasta el pasado día once de septiembre. Me acuerdo perfectamente porque era la boda de mi mejor amigo y se casaba en el Carmen de los Mártires, al ladito de La Alhambra. Subía yo con el coche por la cuesta del Hotel Palace y nos cruzamos con D. Enrique, que bajaba paseando con su negro atuendo.
Me salió del alma saludarle y le medio grité por la ventanilla, “¡Adiós Maestro!”. A lo que el respondió con una sincera sonrisa, “¡Hasta luego! ¡Me alegro de verte!”. Que arte… “Pero que buena gente que es este hombre”, pensé… Obviamente no tenía ni idea de quién era yo, pero Morente era una de esas personas generosas que no se le caían los anillos por pararse a charlar un rato con cualquiera. Iba sin prisa por la vida. Se paraba a aprender con quien que le ofreciese algo enriquecedor y a enseñarle lo que sabía a quien le preguntase. Paciente y tranquilo. Sencillo, bonachón, gitano, artista, amable, cercano y granaíno.
Le dio la vuelta al flamenco en uno de los mundillos más clasistas que existen.
Tuvo que aguantar que lo repudiaran por su increíble “Omega” en el que fusionaba textos de Lorca y Cohen con el flamenco, hasta que la gente abrió los ojos y lo convirtió en álbum de culto.

Siguió luchando y creando hasta que se fue el otro día de parranda sin avisar con el genio de Camarón.
Se le echará de menos y seguro que su vacío inspira a los que ya venían siguiendo sus pasos, como es el caso de Los Planetas, a llevar el flamenco a todos los públicos.
Ojalá se consiga acercar así a los más reticentes este arte, en muchos sitios incomprendido, del que era un icono y un maestro este granaíno universal.
Maestro. Buen viaje y que usted lo pase bien.

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