Malas rachas.

Después de la semanita en San Sebastián, de la que sólo tengo buenos recuerdos y un dulcísimo sabor de boca, sobretodo con el regalazo de cumpleaños que me hicieron mis queridos Jesus y Elena la última noche invitándome a cenar a casa del encantador Juan Mari Arzak, la vuelta a Alicante me ha dejado al borde de la desesperación. Coged todos los refranes que queráis relacionados con la mala suerte, los aliñáis con un chorrito de Ley de Murphy, les dais un meneito, y ahí tenéis mi semana.

Para no aburriros sólo me centraré en las principales putadillas.

Llego a casa después de 7 horitas de coche y, ¡Caspita!, se rompió el calentador arreglado hace unos meses por un HIJO DE PUTA que me TIMÓ cobrándome por una limpieza del cuerpo de nosequé más de lo que vale el propio calentador. Aparte de lo cabrón que fue el reparador hay que decir que yo fui un poco gilipollas por pagar. Solución: Me compro un calentador nuevo y lo instalo. Casi un día perdido.

Me estoy pegando mi duchita calentita cuando mi compañera dice que la lavadora ha hecho un ruido raro. Y tan raro. A la basura la lavadora y otra nueva. (Con los respectivos coñazos de ve, compra, instala…) Se llevan la antigua y me dicen que si quiero el manguito del agua, “No, gracias, que no quiero acumular tonterías que no sirven para nada en mi casa”. Cinco minutos después rompo el manguito al meter la lavadora en su sitio y tengo que ir a comprar otro. Listo que eres Pablo…

Cuando estoy probando la lavadora, llaman a la puerta, “din don!”. “Hola vecino… Soy la del 3º (yo vivo en un 5º) Que se me esta calando el techo”. Pues será el del 4º, pensé. ¡Error! ¡Soy yo que he calado a los 2 pisos porque el del 4º esta en Madrid desde hace tres años!. “Putaaann!!” Escucho gritar desde el cuarto de mi compañera de piso a la que se le había caído la persiana y le había dado un susto de muerte. Dos horas infructuosas intentando arreglar la jodida persiana hasta que casi la arranco y la tiro por el balcón de la desesperación. ¿Por qué coño las fabrican para que tengas que ser ingeniero para cambiar cualquier tontería?

Al día siguiente estaba de servicio y fui con los compañeros de policia y bomberos a entrar a casa del vecino por el patio interior  para comprobar que efectivamente le estaba inundando la casa al de Madriz, de Madrizzz. Al regresar al parque advertí al personal que llevaba un gafe de aupa, que nos preparásemos que íbamos a tener algo malo sí o sí. Como me jode el haber tenido razón. Pocas horas después nos llamaron para buscar a un pobre chiquitín de 2 años que se había caído en una fosa séptica mientras jugaba en el jardín de su casa. Unas horas después encontrábamos su cuerpo sin vida.

Cuando llegué a casa a las 8 de la mañana me metí en la cama con la intención de ni mover un pelo vaya a que pasase algo más. Me despertó el teléfono con una llamada del fontanero del seguro que venía a echarme la cocina abajo. Me habían preparado para lo peor diciéndome que probablemente tenían que levantarme el suelo y quitar los muebles para encontrar la fuga. Iba a abrir la puerta cuando un golpe de viento abrió la ventana del salón y tiro mi mochila con apuntes al suelo (“Si es que…”, Pensaba) Pero con buen humor y filosofía, descojonado de risa me dispuse a recoger la mochila y los papeles, y al levantarme, el pico de la ventana rozó mi cabeza e inexplicablemente no me hice un piquete del 15. Mmmm… Esto es una buena señal. Le abro al fontanero y le ayudo a quitar la nevera y a echar un vistazo. Me advierte que muy probablemente haya que desmontarlo todo. Yo sigo con mi sonrisa en la boca y me quedo haciéndole compañía mientras amartilla la pared de mi cocina. Cinco, diez, quince azulejos… Y de pronto, “Mira tu que suerte vas a tener. Aquí está”. Lo sentí. Tal cual. Cambio de tercio. Se acabó la mala rachita.

En veinte minutos, problema arreglado. Fui a comprar unas últimas piezas que me faltaban para acabar de rematar el calentador y encajaron a la perfección. Descubrí de donde venía el problema de la persiana e hice la maleta para irme a Granada al festival de cortos, pero de camino, paré en el todavía desconocido para mi casino de Torrevieja a jugar el semanal 100€ freezeout. Y no voy a hablaros de las manos porque no me parece ni interesante. Sólo que en el primer nivel (sólo veinte minutos) ligué un maravilloso poker de nueves y un full de dieces treses impresionante entre otras muchas manos. Definitivamente la suerte se había venido a tomar unas cañas a casita. Terminé segundo, derrotado por D. José Antonio Martínez (estuvo muy simpático) y sus 210k vs mis 30k en el heads up. Algo casi imposible. Aunque no me dí por vencido y nos tiramos media horita jugando un bonito cara a cara.

Un pequeño detalle. Cuando pedí la estructura del torneo me dicen que no. Que no me la enseñan. Al ver mi cara el jefe de sala se asusto y me dijo que me esperase al descanso y que me la enseñaba en el ordenador. Que tenía que parar el programa si la quería ver. Pues nada. ¿Estructura? Eso pa que sirve…

Comentando después la estructura con los croupiers, me dijeron que habían quitado algunos niveles porque claro, los clientes se quejaban de que el torneo duraba mucho… No comment.

Señores. Las malas rachas, por desgracia, existen. Y gracias a Dios, también se acaban.

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2 comentarios en “Malas rachas.

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